Ainhoa Remírez, Jefa de Área de Infraestructuras de Telecomunicaciones, NASERTIC y Presidenta de la ANIT (Asociación navarra de Ingenieros de Telecomunicación).

Este año es el del 5G sin ninguna duda. Durante el último Mobile World Congress (BCN, febrero 2019) nos informaron que ya era una realidad y sirvió de escaparate de los primeros móviles con esta tecnología.

El 5G está en el trasfondo de la carrera por la vanguardia tecnológica mundial cuyo máximo exponente fue el veto de EEUU al gigante tecnológico chino Huawei. En junio, nos sorprendía el anuncio de Vodafone del encendido de sus primeras redes comerciales 5G en Europa, eligiendo 15 ciudades españolas para ello. En este mes de septiembre se han dado ya los primeros de la ejecución del segundo dividendo digital como paso previo y necesario a la implantación de las redes 5G.

 Pero ¿qué es y que implica el 5G? Tras 40 años de vida de la tecnología móvil, la denominada quinta generación va más allá de un mero cambio tecnológico y se anuncia como el componente tecnológico esencial en la transformación digital de la sociedad y de la economía en los países más avanzados durante la próxima década.

La tecnología 5G supone un aumento de velocidad, pudiendo alcanzar en movilidad tasas de 100 Mbps con picos de 1 Gbps, lo que permitirá descargar una película en 3D en aproximadamente 6 segundos frente a los actuales 6 minutos, mejora en la latencia o retardo en la transmisión ( 1 mili segundo frente a los actuales 20-30 de las redes 4G) fundamental en aplicaciones que requieren respuestas en tiempo real como la conducción asistida, operaciones quirúrgicas, juegos on line  o producción industrial robotizada, menor consumo de energía y sobre todo, una mayor capacidad que permitirá gestionar gran cantidad de conexiones simultáneas,  abre la puerta a un mundo de dispositivos conectados incluyendo  sensores, alarmas, electrodomésticos, lectores de códigos, etc…de esta forma, y a diferencia de las generaciones anteriores, las conexiones mayoritarias no serán entre personas sino entre máquinas y dispositivos ( M2M), en la denominada Internet de las Cosas (IoT). Para hacernos una idea, para 2025 se estima que sólo un 10% de las conexiones serán entre humanos. Adicionalmente y a diferencia de las generaciones anteriores, pueden definirse niveles de servicio y criterios de rendimiento, que abre la puerta al establecimiento de “redes dedicadas” para una aplicación específica.Este aspecto supondría la reactivación del debate de la neutralidad de la red.

Todo esto factores, hacen que las redes 5G, junto con la robótica, la inteligencia artificial y el aprendizaje artificial de las máquina abran un sinfín de posibilidades para los diferentes sectores e industrias con el consiguiente impacto económico, social y político: en el sector industrial, la denominada industria 4.0, con aplicaciones como control remoto de maquinaria pesada en entornos peligrosos, fabricación robotizada o monitorización de infraestructura crítica, el sector de la automoción, con el coche conectado, primer paso hacia el vehículo autónomo; Salud y Sanidad, teleasistencia en operaciones quirúrgicas, sector del entretenimiento, realidad virtual y por supuesto, los servicios públicos vinculados a los Smart Territories, energía e iluminación inteligente, gestión del tráfico, estacionamiento, transporte público y privado y seguridad pública con la video vigilancia y reconocimiento facial.

Más allá de los posibles casos de uso, modelos de negocio derivados de ellos, nuevas cadenas valor que puedan surgir, lo que es evidente es el impacto económico en los agentes tecnológicos directamente implicados: fabricantes de equipos, componentes y dispositivos, desarrolladores de contenidos y aplicaciones, proveedores de infraestructuras y operadores de telecomunicación, que se estima en 35 billones de dólares.

Y como primer reto, la inversión económica que necesariamente deberán realizar las operadoras de telefonía móvil para acometer el despliegue de estas redes, aun cuando el retorno económico, aunque intuido, no es todavía evidente. Solo en España, la elevada capilaridad exigida por la tecnología 5G, exigirá el despliegue de entre 30.000 y 75.000 micro y nano celdas. Y no sólo eso, la elevada capacidad exigirá que la inmensa mayoría de las estaciones, macro o micro, estén conectadas por fibra, lo que supone un fuerte aumento en el coste del despliegue.

En este contexto, es previsible que los operadores opten por modelos de compartición de infraestructuras, ya sea mediante acuerdos como el firmado por Telefónica y Vodafone en UK, para la compartición de infraestructuras 5G a través de la sociedad conjunta Cornestone o a través del crecimiento de las Tower Companies, donde las compañías que formamos Unired estamos llamadas a jugar un papel relevante.

Se abre la puerta a la evolución de las TowerCo hacia Netcos, empresas que ofrecen servicios mayoristas de telecomunicaciones, de transporte e incluso de acceso, caso de la mexicana Red Compartida, con una infraestructura 4G neutra abierta a todos los operadores comerciales, para la cual dispone de gran cantidad de espectro radioeléctrico.

El riesgo radica en que los clientes de las TowerCo, los operadores, comiencen a percibirlas como un competidor como quedó de manifiesto en el foro GSMA Latinoamérica México 2019. Tendremos que estar atentos al éxito o fracaso de este nuevo formato.

Los 2 primeros pilotos, liderados por Telefónica en Galicia y por Vodafone en Andalucía, promovidos por el Ministerio de Economía y Empresa, servirán de referencia para desplegar y probar las mejoras técnicas y de gestión de la red 5G, desarrollar casos de usos, y si fuera necesario, adoptar posibles medidas regulatorias.

Los próximos meses prometen ser muy interesantes y todas estas temáticas se abordarán en el III Foro UNIRED, siempre atento como organización a las nuevas tendencias del sector.